Para los dueños de animales probablemente decidir aplicarle
la eutanasia a nuestra mascota debe ser la decisión más dura a la que nos enfrentamos.
Pero a veces no queda otra opción si realmente quieres a tu amigo.
Hoy he tenido que hacerlo con mi gata. Llevaba días sin
comer y demasiado quieta, así que la llevé al veterinario. Tras varias pruebas
le diagnosticaron una neoplasia brutal con una mitosis muy rápida. En otras
palabras, un cáncer que se la estaba comiendo.
Ante el sufrimiento que probablemente estaba padeciendo y
una muerte inminente y terrible, no dudé un instante en acceder a lo mejor que podía hacer por ella, costase lo que me costase.
Hemos tenido una bonita despedida. Ayer me pasé el día con
ella, en la cama, abrazadas con su suave ronroneo, aunque cada vez más apagado.
Le di cariño y ella me lo devolvió como siempre, con creces.
Creo que los animales notan que se acerca su final, igual
que nosotros. Por eso creo que ella también se estaba despidiendo de mí.
Esta noche no dormimos apenas ni ella ni yo. Pasé las horas mirándola,
acariciándola y escuchando su respiración, débil.
Nos levantamos muy temprano y ella tenía hambre. Pensé que
no podía darle nada de comer ya que tenía que llevarla al veterinario, pero
realmente creí que no debía tenerla tres horas con hambre su último día. Así
que le di un poquito de comida, la peiné, la acaricié, le limpié la arena, le
cambié dos veces el agua… me esmeré para que viese cuánto la quería.
Ya en la clínica intenté mantenerme lo más serena que pude,
ya que ellos notan tu tristeza. La anestesiaron y mientras se quedaba dormida
le di muchos cariños y le hablé. Luego salimos para que le pusiesen su última
inyección. Y se acabó.
Uxía (aunque le llamábamos "chucha") era una gata tremendamente buena. Había conseguido
incluso llevarse bien con mis perros, o tolerarlos al menos. Dormíamos cinco en
la cama. Ella siempre a mi lado, con su cabecita en la almohada, como otra
persona. Con su ronroneo y sus suspiros.
No echarla de
menos será imposible y creo que así
debe ser.
Además poseía un valor simbólico: fue encontrada
por mi padre y fue la gata de mi madre. No creo que exista nada después de la
muerte, pero si me equivocase, quizás los encuentre en algún lugar. Y espero
que les diga que la cuidé lo mejor que supe.
Me gustaría pedirles a todos los dueños de animales que estén
gravemente enfermos, que estén sufriendo, que ya no tengan ninguna posibilidad
de recuperación, que no duden ni un instante en hacer lo mismo que hice yo.
No hay
cabida para el sentimiento de culpa ni el arrepentimiento. Como dueños responsables, no podemos pensar en
nosotros si realmente queremos a nuestra mascota, en intentar alargar el tiempo en su compañía.
Eso va en contra de su bienestar y ellos
necesitan nuestra ayuda para dar ese último paso.
Raquel Ruiz