Soy una persona obediente y disciplinada. El mérito no es mío. Pertenezco a una generación que debía ser obediente porque la desobediencia se pagaba muy caro. Nos enseñaron a obedecer, a ceder el asiento en el autobús o en la consulta del médico a las personas mayores. Una persona mayor no estaba de pie si un joven estaba sentado: éste se levantaba inmediatamente y dejaba el asiento a la persona mayor… las cosas eran así el siglo pasado.
Como soy obediente, cuando el Alcalde de Madrid (en ese momento Juan Barranco) pidió a los madrileños que usaran el transporte público, yo, al día siguiente, dejé aparcado el coche y me fui muy decidida a la parada del autobús 5. Eran las siete y cuarto de la mañana… Hacía un frío espantoso… Cuando a las ocho menos diez no había pasado todavía ningún autobús y yo iba a fichar tarde, tuve que coger un taxi. Fiché tarde, por supuesto y, por supuesto, al día siguiente volví a coger mi Mini a las ocho menos veinte y fiché a tiempo, sin pasar frío y gastando bastante menos dinero que en el taxi.
Sin embargo he seguido siendo obediente y las órdenes que vienen “de arriba” las acepto taxativamente porque pienso que siempre buscan el bien común.
El 10 de febrero de 2009 nos enterábamos que las bombillas de bajo consumo no iban a ser fabricadas en España pero que, según el Sr. Ministro de Industria, Don Miguel Sebastián Gastón iban a ser adquiridas unos 20 millones de bombillas para repartirlas gratuitamente entre la población.
El objetivo clarísimo era el que abaratar nuestra factura de electricidad, o dicho con otras palabras, gastar menos dinero en luz.
Como la mayoría de los españolitos yo he ido cambiando las bombillas de mi casa con total inconsciencia, creyendo que estaba obrando bien, que era una ciudadana responsable… y lo soy, además de ignorante porque ahora me vengo a enterar que las bombillas de bajo consumo son un peligro REAL para la salud y sobre todo si se rompen, por el mercurio que contienen que es altamente tóxico. En caso de rotura de una de estas bombillas se recomienda:
- Si se rompen, hay que evacuar a las personas de la habitación durante un cuarto de hora como mínimo y ventilar dicha estancia.
- No se debe utilizar una aspiradora automática para recoger los restos y hay que evitar inhalar el polvo.
- Se recomienda el uso de guantes para recoger los restos de la bombilla, y como se trata de un producto tóxico, se debería trasladar, en una bolsa o dos selladas adecuadamente, a un punto limpio del municipio dónde se encargarán de su reciclaje. (Consultar la página Soitu.es, patrocinada por Gas Natural).
¿Por qué no nos informaron en su momento de esto?
En la revista Discovery Salud queda suficientemente demostrado la toxicidad y peligrosidad de estas bombillas y que se ha tomado demasiado a la ligera la decisión de cambiar las bombillas “de toda la vida” por las de bajo consumo… muchos de nosotros nos empezamos a plantear el volver a comprar las viejas y tradicionales bombillas de filamento cuyo único riesgo es fundirse.
¿Por qué? Pues porque según los expertos en el tema (me remito al informe de Discovery Salud) las bombillas de bajo consumo “producen una polución electromagnética notablemente mayor que las convencionales”. Otro de los inconvenientes es que “muchas personas reaccionan ante ellas con dolores de cabeza y, en casos extremos, con náuseas”.
No ha sido mi caso. A mi no me han dado dolor de cabeza, ni me lo van a dar porque, de a poquito, a medida que pueda volveré a cambiar por las bombillas de toda la vida. ¿Por qué? Pues porque no quiero vivir con la espada de Damocles de “ojo con estas bombillas, si se rompen te pueden intoxicar”. ¿Y si se rompen mientras estamos durmiendo?.
Mcarmen Pico Manville.