Vivimos en el continente más envejecido del mundo. En España, actualmente el 17% de la población es mayor de 65 años. Se estima que en el año 2040 España contará con un 40% de población mayor de 60 años. A principios del siglo XX la esperanza de vida en nuestro país no llegaba a los 40 años, en cambio, actualmente la esperanza de vida es de 73 años en el varón y de 80 años en la mujer, aproximadamente.
El envejecimiento de la población es un acontecimiento que conlleva grandes repercusiones sociales, tales como cambios en los roles sociales, cambios en el estatus atribuido a la edad, cambios en los sistemas laborales de distribución del trabajo, reajustes en el sistema de protección social, y cómo no, relevantes cambios a nivel individual.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud como el "estado de bienestar completo físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedad o dolencia". En la vejez pueden aparecer numerosas patologías que afectan a diferentes áreas -físicas, cognitivas, afectivas, sensoriales-. Bien. Para garantizar entonces este estado de bienestar que aparentemente se persigue, los Servicios Sociales deberían contar con una amplia red de instalaciones donde las personas mayores y dependientes se beneficiasen de una atención continuada, completa y adecuada, constituidas por un amplio equipo multidisciplinar de profesionales al servicio de aquellos mayores afectados por algún tipo de dependencia física, psíquica o social, o con necesidad de internamiento temporal o definitivo.
La adaptación y el bienestar de la persona mayor en un centro residencial dependerá entonces de la congruencia entre las necesidades y características de las personas usuarias y las variables físicas, humanas y organizativas del centro.
Entre los objetivos principales de cualquier centro gerontológico deberían encontrarse:
- Proporcionar las condiciones adecuadas para una estancia digna en el centro y para una mejor calidad de vida
- Mantener una actitud de servicio y respeto
- Prestar los servicios asistenciales necesarios a nivel sanitario, familiar y social
- Atender las necesidades espirituales de los residentes y proporcionar asistencia psicológica, rehabilitadora (fisioterapia y terapia ocupacional) y animación sociocultural.
¿Qué sucede? Que en muchas ocasiones, lo ideal dista mucho de lo real, y es que esta asistencia psicológica todavía no está lo suficientemente reconocida en la mayor parte de estos centros asistenciales. Los centros donde el psicólogo se va incorporando como parte del equipo, son sobre todo aquellos de carácter privado o concertado, siendo prácticamente nula la aparición de esta figura en los centros públicos.
Las residencias deben ser concebidas como espacios donde habitan y conviven personas que aun presentando necesidades especiales de atención son ¡ciudadanos con derechos!
Al margen de la valoración y crítica totalmente factible que podría hacerse de las políticas organizativas de muchos centros, de la calidad del equipo, de los servicios y las actividades que el centro promueve, y de las condiciones lamentables en las que a veces se desarrolla la vida diaria de muchos mayores en nuestra comunidad y en nuestro país (instalaciones inadecuadas, masificación de residentes, personal insuficiente o NO cualificado, malos tratos en residencias,etc.), y ciñéndonos en exclusiva a los departamentos que por norma general constituyen una residencia para, como decíamos, cubrir todas las necesidades del mayor de cara a su bienestar, vemos como, desgraciadamente, el departamento de psicología suele brillar por su ausencia, cuando la intervención psicosocial no sólo es fundamental para los residentes, sino para la familia y el propio centro.
La Psicología es una de las disciplinas que contribuye al mayor –y mejor- conocimiento del funcionamiento psicológico en esta etapa vital, permite la atención psicológica adecuada de las personas mayores –atención que ningún otro profesional debería llevar a cabo- y colabora desde una perspectiva multidisciplinar.
La figura del psicólogo en los centros gerontológicos es necesaria puesto que es la única persona cualificada capaz de, entre otras funciones:
- Evaluar el funcionamiento cognitivo y afectivo mediante distintos instrumentos estandarizados de valoración.
- Potenciar las capacidades cognitivas en personas con deterioro cognitivo leve o severo (demencias, enfermos de Alzheimer) planificando sesiones de psicoestimulación para retrasar el deterioro cognitivo y/o disminuir la probabilidad de desarrollar una demencia.
- Evaluar e intervenir mediante técnicas psicológicas en trastornos de ansiedad, depresión u otros.
- Realizar un seguimiento en las áreas específicas de deterioro cognitivo, alteraciones conductuales y psicopatológicas.
- Acompañar a la familia en cuidados paliativos,muerte y en proceso de duelo con intervención psicológica para aquellas personas del entorno del mayor que lo precise.
- Participar activamente en las denominadas reuniones interdisciplinares, donde se realiza un exhaustivo seguimiento de los residentes y se fijan determinados objetivos en relación a la atención individualizada de cada uno de ellos.
- Promover el proceso de adaptación del residente al Centro.
-Asesorar al personal del centro que presente dificultades con la conducta o comunicación del mayor.
- Diseñar e implementar programas en distintas áreas con el objetivo de motivar en la realización de actividades en el centro y fomentar la independencia y autonomía de los mayores.
¿Aún persiste la duda de si es necesaria la figura del psicólogo en las residencias o centros de mayores? (...)
Desgraciadamente, lo que ocurre es que en numerosas ocasiones, la atención al mayor queda relegada al cuidado médico, físico y ocupacional. Tener en cuenta las variables biomédicas, las condiciones físicas y biológicas es esencial, ¡pero estas afectan a los sistemas psicológicos y comportamentales! ¿Cómo olvidar entonces el lado emocional de estas personas, sus aficiones e intereses, su personalidad, su autoestima, sus miedos, inquietudes o preocupaciones, su autoconcepto, su inteligencia, su memoria, sus relaciones sociales, su satisfacción, su calidad de vida?
Creo que el trabajo del psicogerontólogo continúa en cierta forma devaluado en nuestra sociedad y su presencia sigue siendo extremadamente delimitada en muchos centros. Debemos reflexionar y tomar concienca sobre lo que la Administración considera y reconoce públicamente como ideal o necesario respecto al personal requerido en los centros de mayores y las necesidades de nuestros mayores, pero si el objetivo e interés social común es conseguir un envejecimiento satisfactorio, algo no se está haciendo bien.
Tal vez no interesa la inversión económica que requiere la existencia y mantenimiento de esta categoría profesional en las residencias. Tal vez no resulta rentable... porque no es considerado relevante… pero me temo que esa irrelevancia profesional es desgraciadamente una proyección de la irrelevancia del mayor.
Es decir, la no valoración de la presencia del psicólogo como profesional implicado en la atención integral esconde la no valoración de la dimensión psicológica de la persona! El mensaje que me llega de fondo,lo que leo entre líneas, es: “la persona mayor institucionalizada no es productiva, no es útil, es una carga social, es alguien ya desvinculado de la sociedad, atendamos, por obligación legal, sus necesidades muy básicas, pero el resto, es totalmente secundario, no nos importa, no interesa atenderlo” (!!!) Por ello también será así no productivo, no útil, un gasto social innecesario, algo irrelevante y secundario, la presencia de algunos profesionales.
Pero lo que siento que hay de fondo último, de base, es una falta de sentido de respeto y de humanidad hacia las personas que se encuentran en los últimos años de su vida. Mientras persista este “modelo deficitario de la vejez” y esta falta de conciencia social de las diversas y complejas necesidades de la persona mayor y de la relevancia del cuidado y atención integral en esta etapa de la vida, la situación no cambiará.
Abramos los ojos, miremos, analicemos y actuemos, pero desde el corazón...
Guadalupe Naharro Pérez.