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lunes, 30 de enero de 2012

Stop intolerancia

Hace tiempo que quería escribir una entrada sobre la intolerancia que día a día aparece en comentarios de blogs, de redes sociales, y que a veces oigo en conversaciones. 

Parece que hay gente que cree actuar de la manera más correcta y que lo que ellos hacen es lo que todo el mundo debería hacer. 

Dejando a un lado el respeto a los derechos fundamentales de cada uno, de los derechos que acogen a cualquier ser vivo, que es algo que considero indiscutible y que debe defenderse con toda la fuerza de la que seamos capaces; existen formas de vida diferentes que, creo, deben respetarse. 

En mi opinión, nadie, absolutamente nadie debe decirte cómo debes vivir. Una de las cosas inherentes al ser humano, a pesar de vivir en sociedad (para mí algo muy bueno en general) es la libertad. Libertad para decidir qué hacer, para pensar, libertad para ser diferente. 

Existen más colores que el blanco y el negro. Ver las cosas sin matices creo que nos hace caer en radicalismos nada buenos. Es más, considero que son muy peligrosos. Incluso se podrían convertir en una obsesión. 

A lo largo de la Historia hemos podido comprobar que la evolución, los avances sociales, los cambios humanos han surgido de gente que se cuestionó que quizás la verdad no era algo tan simple como lo que se había promulgado como tal. Algunas de estas personas sufrieron las consecuencias de ser diferentes a manos del pensamiento radical. 

No aceptar a los demás como son, con sus formas de vida quizás alejadas de las nuestras, obligarles de alguna forma a pensar como nosotros, nos lleva a un inexorable retroceso. 

Y lo peor de todo, podemos matar la posibilidad de que esas personas barajen otras ideas, podemos encerrarlos en su opinión simplemente por defender su libertad de pensar. 

Creo que la única forma de acercar nuestras ideas a otras personas es siendo amable, explicándonos con cuidado (más suavemente cuanto más alejadas a las nuestras sean las ideas del otro); escuchando y debatiendo sus contras, siempre con respeto. 

Lo que al menos yo tengo claro es que si criticamos, insultamos e intentamos imponer nuestro comportamiento al otro, el único resultado que obtendremos es que se cierre en banda y probablemente haga justamente lo contrario de lo que nosotros deseamos. 

A esta conclusión he llegado a fuerza de cometer errores por creer que la gente debía preocuparse, debía comprometerse y debía actuar en los mismos frentes que yo. Hasta que entendí nuestras diferencias, y que lo que mueve a unos, no mueve a otros.

Vivimos en un mundo creo que solidario, la mayor parte de la gente con la que me encuentro se preocupa por la situación que vive el otro; pero es una época difícil también para dar y escuchar. 

Lo más fácil es centrarse en uno mismo, salir a flote como se pueda, y en este momento solo se necesita una pequeña excusa para mirar hacia otro lado. 

Intentemos evitar esto abriendo puertas con tolerancia.

Raquel Ruiz.
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jueves, 8 de septiembre de 2011

Cuestión de equilibrio

"A veces el camino a seguir queda envuelto en una inquietante neblina y se hace trabajoso el avanzar, pero bien es sabido que la dificultad no implica imposibilidad. Todo lo que se vive como final de algo es a su vez el inicio de otra cosa que será también el término de otra. Y así.

Como decía Heráclito, "Nada permanece salvo el cambio". Volver a un punto de armonía en ese cambio permanente podrá ser más o menos difícil, pero no imposible. Es posible volver a respirar pausadamente después de un momento de agitación, es posible pensar con claridad apartando el velo de la confusión, es posible sentirse con fuerzas renovadas después de descansar, ¿es posible asegurarle al corazón que sentirá paz después del dolor? Es posible. 

Será cuestión de equilibrio entre el sentimiento y la razón."

Fuente: http://ilsecco.files.wordpress.com/2011/02/equilibrio1.jpg


Guadalupe Naharro.


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lunes, 29 de agosto de 2011

La consciencia de la conciencia

<Un bebé ríe a carcajadas mientras su madre le abraza, a sus espaldas las olas del mar rompen suavemente contra una roca>

A veces, me planteo cómo se puede hablar en un futuro del siglo XXI. Si sabemos tan poco lo que pasó en el siglo XX, dudo mucho que los vencedores de la historia vayan, por una vez en la vida, de la mano de la verdad, caminando por los años.

De las crisis mundiales que azotan el comienzo del siglo XXI, bien se puede decir que la crisis de conciencia o espiritual es la madre de todas las crisis. Alimentando a su vez las demás crisis, como por ejemplo la económica.

El estómago de la economía mundial actual consume diariamente conciencia, en cantidades globalizadas y con un apetito insaciable. Tal vez por ello, la sociedad capitalista crea que, en lugar de seres humanos, existen individuos sin conciencia. <Consumir hasta morir>, debe ser el lema actual de la sociedad moderna. Dogma de fe, incuestionable.

Y así como los años avanzan consumiendo conciencia, la felicidad se va convirtiendo, paso a paso, en una especie en extinción. La sonrisa será algo tan antiguo como las cavernas de la prehistoria y el miedo se apoderará de los que no puedan triunfar.

Del fracaso de quien no pueda triunfar ya se encargará la industria farmacéutica. Que por otra parte, en estos años, de consumida conciencia, fabrica más del doble de medicamentos para esas personas, que por derrota y derrota, no pueden jugar en el equipo titular del mundo actual.

La conciencia, por tanto, es alimento del consumismo. O mejor dicho, el consumismo consume conciencia. Y sin hábitat para vivir en paz, la felicidad está abocada a la destrucción en beneficio de la sociedad de la desconfianza y el miedo.

La sociedad de consumo nos habla de triunfo creando arquetipos a los que seguir continuamente. Existe un miedo a fracasar global. A no ser como esos arquetipos de belleza y perfección.

Aunque para ello ya trabaja el país más poderoso del mundo, ese que inventa métodos de adelgazamiento continuamente y vende obesidad con la comida basura en cada esquina.

<Ven a comer una hamburguesa triple, ya tendrás tiempo de hacer dieta más tarde. Y si te sobra tiempo, puedes ponerte moreno en nuestro centro especializado>
Como ejercicio de sinceridad deberían escribir en su publicidad:

<Me da igual lo que hagas después, consume ahora y no pienses>
Quien no sigue las reglas del juego, fracasa. Y si fracasa no sirve. Y si no sirve, es que no consume. Y si no consume no puede vivir este mundo de triunfo y ser feliz.

Todo reducido a esa felicidad de consumo, sin conciencia y profundamente individualista. (Para ser feliz hay que triunfar, es decir, ganar al vecino, consumir más y mejor)

¿Y si existiera otra felicidad? ¿Puede existir la felicidad consciente? ¿Qué se supone que es la conciencia? ¿Y la conciencia global?

El individualismo consumista nos reduce a un número de ciudadano o a una tarjeta de crédito. Antagonismo de la conciencia global que nos sitúa en un Universo consciente, positivo e indudablemente más inteligente.

Desde una visión de la sociedad actual, el cuerpo humano es la herramienta para triunfar en la sociedad de consumo. No es casualidad que cada vez existan más clínicas de cirugía y menos bibliotecas públicas. Pensar, aburre. Y aleja de los arquetipos de triunfo global.

Alguien que conocía lo que era pensar, extraño acto, razonó sobre el comportamiento del Universo que no vemos. Fue consciente de la cantidad de situaciones que ocurren sin que nos demos cuenta.

Por ejemplo, escribió sobre la cantidad de información que recorre nuestro cuerpo y que interpretan nuestras células sin darnos cuenta. Al mismo tiempo, el estómago hace la digestión de la comida, respira, late el corazón, leemos y consumimos paraísos gratuitos con nuestra mente. Como era feo, este hombre no salió en las noticias. Se unía al grupo del que era presidente, el primer ser humano que se planteó el <Porqué> de las cosas y vivía en una caverna. Olvidados para la prensa del corazón, imprescindibles para el Universo consciente.

Bien, ¿Puede ser la felicidad en extinción, proporcional a la conciencia propia e universal? ¿Necesitamos expandir la conciencia para ser más felices y así expandir también la felicidad al Universo conectado e inteligente? ¿Existe vida después del consumismo del siglo XXI?

Para ser profundamente más feliz hay que ser profundamente consciente de la grandeza del Universo, incluido el ser humano, obviamente.

Ya que el Universo no es lineal y está interconectado. Sin bosques no habría respiración; sin agua, la vida sería imposible.

Sin Sol nos helaríamos y sin Luna no habría mareas, por ejemplo.

La grandeza del Universo reside también en el misterio que lo mueve. ¿Dónde habita la mano que enciende el funcionamiento? Misterio. Lo que no es tan misterio es que hay algo que lo mueve, sea lo que sea. Y nos comunica a todos. Irremediablemente.

Ahora bien, ¿Podemos actuar de otra manera respecto a la sociedad sabiendo que todos estamos conectados irremediablemente? ¿Se alcaza así otra felicidad más amplia?

<Un bebé ríe a carcajadas mientras su madre le abraza; a sus espaldas las olas del mar rompen suavemente contra una roca>

Seguramente si has leído esto has entendido poco. Pero tu cerebro ha imaginado el cuadro produciéndote una sensación de algún tipo. Incluso en algunos casos se pueden escuchar las carcajadas. Es decir, tu cuerpo ha creado un cuadro que jamás existió. Produciéndote algún tipo de sensación, lógicamente positiva.

Esa es la magia del Universo. Mi cerebro ha creado una imagen, que ha sido transmitida mediante la escritura, tu cerebro ha interpretado y creado otra imagen y te ha producido una sensación. Tú y yo hemos estado conectados, sintiendo más allá de la distancia y más allá del dinero por una misma situación, más allá de la realidad o la ficción. Y lo estaremos todos, con todos y para todos.

¿Podemos crear un mundo distinto sabiendo que todo está conectado?
¿Podemos ser más felices sin muros de ningún tipo?
¿Somos conscientes de la responsabilidad que tenemos no sólo con nosotros sino con el Universo?

Volviendo al principio, el mundo del siglo XXI, consume conciencia. Y allí habita la felicidad en peligro de extinción.

Aumentando el consumismo, reducimos la conciencia y por lo tanto la felicidad al mundo materialista. Rechazamos el fracaso. Y dejamos de ser conscientes de lo que somos.

En un mundo consciente, creamos conciencia, derribamos muros y expandimos la felicidad, apreciamos el misterio de lo que nos rodea y aceptamos como reto la responsabilidad de vivir conectados con los demás. Aceptamos el fracaso y el triunfo, porque sabemos que estar conectados con lo que nos rodea no significa ser más ni menos que nada.

Derribemos los muros que nos limitan e imaginemos. Así empezaremos a crear un mundo mejor, con todos y para todos, ya que, aunque no queramos, estamos irremediablemente conectados.

Quien entiende que el amor está en venta en cualquier tienda del siglo XXI, no entiende que todo el amor del mundo cabe en una sonrisa.

Y esa sonrisa, inevitablemente, estará conectada con todo el Universo e inevitablemente también será compartida.

Daniel Hostile.

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miércoles, 8 de junio de 2011

¿Con-sumismo pensamiento?

Los muros que nos rodean no sólo nos limitan a vivir bajo la sombra de sus paredes sino que también nos hacen actuar bajo el techo de quienes dicen que no hay otra posibilidad. 

Libre es por tanto el pensamiento de vivir fuera de las limitaciones. Pero pensamiento sin acción es como vivir un Mayo sin primavera. Algo vacío.

Inevitablemente vivimos en la sociedad del siglo XXI, que suena ya con renombre, huele a tecnología y avances científicos, pero sigue sabiendo a desigualdades sociales y consumismo.

¿Como vivir en otro contexto si hasta el pensamiento más humano crece entre los muros del siglo XXI? ¿Como transformar siendo formado antes por quienes te quieren manejar?

Enciendo la televisión, aquella que no por no llevar seguro como las pistolas dejan de ser una nueva arma y entre los necesarios 90 canales de información no existen puntos en común sobre la verdad. Curiosa verdad aquella que puede ser contada las mismas veces de manera distinta que casi parece una mentira.

Curiosa verdad aquella que no hace reflexionar y sólo adoctrina.

Curiosa acción que no puede salir de aquellos muros.

Leer un periódico es querer leer la verdad que más reafirma tu mentira. Deberían plantearse abrir sus ediciones con un "Hoy les vamos a mentir", quizás la verdad no se sentiría tan sola. Curiosa herramienta ésta, que debe ser escrita a diario para que no se olvide. Curiosa herramienta que hace que el pensamiento tampoco salga demasiado por las rendijas de los muros. 

Pasear un martes por la ciudad es un bombardeo de mendigos que no me dejan ver los maniquíes de los escaparates. A algún empresario le van a cerrar el negocio como no prohíban pedir en la acera que paga con sus impuestos.

Es sorprendente eso del vestir. Ya no preguntamos al dependiente si abriga mucho. Queremos que sea bonito. Curioso comportamiento humano ese que tendrían los hombres de las cavernas cuando se vestían porque tenían frío. Increíble evolución. 

Odiamos tanto lo humano que hasta la silicona nos parece más entrañable que el dar de amamantar a un bebe. Lucimos más en nuestras calles los pechos redondos que la vida misma de un bebé y su madre. Los pechos nos enseñan a triunfar al fin y al cabo, el vivir no es sinónimo de triunfo en el siglo XXI. Curiosa acción.

Curioso corazón ese que tienen ciertas revistas que ponen fotos de cuerpos perfectos. Asco dan las personas que no lo tienen. 

“No soy machista” pero que venga la señora de la limpieza por favor.

“No soy una mala persona” pero puedo ser muy bueno por las buenas pero malo por las malas.

“No soy autoritario” pero a chulo no me gana nadie “Yo soy así y no voy a cambiar” y dicen que eso es ser fuerte. 

“Soy solidario” porque me dan pena. Justicia son las balanzas de la fruta.

Curiosos pensamientos esos que van en línea recta esquivando reflexiones. Más curiosas son las acciones que así están todavía más vacías.

Curiosa esperanza esa de la lotería que está por encima de la esperanza de ser feliz con nada. 

Consumimos tanto que no tenemos tiempo para reflexionar y a las cosas importantes de la vida, las llamamos pequeñas cosas importantes. Curioso paradigma. Curiosa acción esa que tan poco realizamos que llamamos pensar.

Si pensásemos más allá de los muros actuaríamos como si no hubiese muros que nos rodeasen. Curiosa acción que no necesita ni televisión, ni periódicos, ni escaparates, ni siglos XXI.

Dicen que no hay otro mundo posible, pero claro: Lo dicen desde este lado del muro, con-sumismo pensamiento. 

Curioso. 

Daniel H.
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jueves, 2 de junio de 2011

Pensamientos positivos

Los pensamientos positivos son imprescindibles para vivir, y hoy son imprescindibles para sobrevivir. 

¡Son tantas las personas que están pasando penurias reales, dificultades terribles para comer! ¿Cómo se pueden tener pensamientos positivos cuando no se tiene dinero para comer? 

Frente a la cruda realidad, están los comentarios de “Dicen que hay crisis pero han salido catorce millones de personas en Semana Santa y los bares están llenos de gente y…” 

No entiendo este tipo de comentarios, no entiendo a quién benefician, porque NO ES VERDAD. (¿Eso es un pensamiento positivo?) 

Y los bares que conozco están vacíos. 

Y los locales que han cerrado no han vuelto a abrir. 

Y cada día se cierran pequeñas empresas… 

Y hay gente que debe seguir pagando su hipoteca cuando ya no tiene piso porque se lo han expropiado. 

Y las hipotecas van a experimentar en mayo el mayor aumento desde 2007. 

Y en este mes votaremos a quienes dirigirán las autonomías durante los próximos cuatro años. 

Y el paro juvenil sigue aumentando. 

Y los jóvenes no se plantean expectativas a largo plazo, no pueden pensar en comprar un piso… no tienen trabajo. 

Y los jóvenes siguen cultivando el Botellón. Es la única forma de no recordar la verdad. La verdad es que no hay futuro. 

Porque hemos asimilado la idea de futuro a la idea de Bienestar. Bienestar significa tener un piso, amueblado. Un coche. Poder salir todos los fines de semana. Comer fuera diez o doce veces al mes. 

Y quizás tener pensamientos positivos significa tener pensamientos más realistas. 

Re-aprender a vivir. Re-aprender a no tirar…

Hay una anécdota que me sucedió hace quince días. Era el cumpleaños de un alumno y compramos refrescos, patatas fritas; bueno, esas cosas que se compran para celebrar un cumpleaños en una clase. Repartimos vasos de plástico y al terminar la hora los chicos tiraron los vasos a la papelera. No todos. Hubo una chica, sudamericana, que dijo “¿Por qué no los guardan? Se pueden volver a usar.” 

Yo me quedé pensando… Antes se arreglaba la ropa. Ahora se tira y se compra otra nueva. 

Antes se guardaba cosas. Se guardaba un mueble que había pertenecido al abuelo, un vestido de novia que usó mamá, o la abuela… Hoy no. Hoy usamos el Feng-Shui. Hay que tirar todo lo que no hayas utilizado en el último año. 

Según el Dr. Mario Alonso Puig “hay que reinventarse”, hay que dejar de lado la tristeza, hay que cultivar el pensamiento positivo “aprendiendo a ver la vieja tierra con otros ojos”. No propicia el autoengaño. Si uno pierde a un ser querido, un trabajo, un amigo, se siente mal. Eso es lógico pero lo que hay que evitar es el autoflagelarse, el quedarse estancado en ese malestar. 

Hay que luchar por vivir positivamente y no es una decisión y punto. Es un ejercicio de determinación. 

Si determinamos mejorar nuestra salud, nuestra economía, nuestro amor, nuestra vida… lo conseguiremos si mantenemos día a día la determinación de estar bien. 

Por eso el pensamiento positivo no es algo fácil. 

Es una lucha diaria por ser feliz, por ser sano, por ser amado y poder amar. 

Y esa determinación tendrá como premio final que el pensamiento positivo no sea un pensamiento puntual –que dure diez segundos- sino algo duradero: “La felicidad es la paz del sabio”. 

El pensamiento positivo será entonces la tranquilidad interior. La comprensión y aceptación de nuestro yo. 

Y eso es difícil, pero posible. 
McarmenPico Manville.


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martes, 29 de marzo de 2011

A pesar de su mundo... Seamos humanos

No son las carreteras las que hacen el camino, son los pies. 
Tampoco son las piedras las que tropiezan, son nuestros errores lo que nos hace caernos y nuestra voluntad la que transforma el mundo. Y cuesta entenderlo cuando los que nos representan, creen, con todo entusiasmo, que las bombas matan el hambre y no a los hambrientos; llamándonos tontos y en cierta manera, nosotros creyéndolo. 

Pintamos cuando vamos a la escuela un árbol con el tronco marrón y las hojas verdes en lugar de respirar ese árbol y tocar el tronco. Nos enseñan a ser abstractos con lo que vive para convertirnos en abstractos que viven. Desconocemos que la hoja en la que dibujamos ha salido de ese árbol. Cuando nos damos cuenta, ya de mayores, en alguna parte de la Amazonia ha dejado de oler a naturaleza y huele a gasolina de las maquinas que talan. 

Los libros, que son doctrinas sagradas, son estudiados por miles de niños que creen que pensar y debatir es lo que hacen en la televisión los famosos. Conocimiento es saber como participar en un concurso de televisión del tipo Gran Hermano. Pobres de los que tienen 17 años y no saben aún lo que ser en la vida, pobres los que no saben proyectar su futuro. Los que triunfan son los que ganan; pero más pobres son aquellos que no saben fracasar. 

Miremos donde miremos vemos sordos. No escuchamos los gritos de miles de productos que consumimos cuando nos dicen: < Gracias por comprarme, no sirvo para nada>. 
Y eso es un problema, no para el que no sabe lo que es un privilegio, sino para el que cree que los principios se compran de la misma manera. 

Llamamos virtud al ejemplo solidario. Llamemos obligación a lo que es humano, sin aliños de nada. Es gratis. Quizás por ello no interese en una sociedad de consumo que se consume. 

Y hablo de eso ahora, de lo que es, como digo, gratis. Voy a ser optimista por un momento y hablar de esas cosas que sin dinero también SON, a pesar de que un tal San Valentín venda hasta las flechas a precio de oro. 

De la voluntad nace el movimiento de los pies que hacen el camino; de ella también sale el calor que desprende un abrazo. 
De lo humano salen los besos que aunque en algún lugar quieran prohibirlos porque envenenan de amor los corazones vacíos, siguen siendo la firma de quienes se aman y la envidia sana de quienes lo quisieran estar. 

Las ideas no se matan por muchas balas que gaste la industria militar. Los sueños son tan libres que al despertarse hasta marean. Sentarse en una playa y dejar volar la imaginación es una acción poética, que si los gobiernos pudiesen, perseguirían con un caza mosquitos, tremenda falta de lógica, nuestras metas no se venden y por lo tanto no se cazan. 

Sentir el olor de la naturaleza una tarde en el campo o la montaña es saber que estás grabando en la mente un momento inolvidable, por consiguiente, es saber también, que el aire seco acondicionado de un centro comercial está infinitamente más alejado de lo real, que nada. 

Ayudar al que necesita ayuda es más justo que todas las leyes del senado. 
Dar la mano a quien no te la pide, es decir: <aquí estoy por sí me necesitas. No cobro intereses, ni hipotecas.> 

Estas son, algunas de las voluntades libres que quizás deberíamos practicar más. Son más humanas que las que nos enseñan quienes nos representan, son más libres que cualquier cosa que se compre. 
Deben de formar parte de la voluntad que mueve los pies hacia algo mejor, que al fin y al cabo es lo que hace el camino, al cual llegaremos, queriéndolo o no. 
La voluntad de ser mucho más humanos es creer en lo que somos, por encima de cualquier cosa que se compre, adoctrine o limite. Es principio moral que debe construir una sociedad justa y libre. 

Es saber que, 17 músculos forman una sonrisa. Imprescindible acción humana. 

Dani H.
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jueves, 17 de febrero de 2011

El derecho a una muerte digna

Si tan importante es la calidad de vida, del mismo modo debe ser la calidad de muerte. En España... se muere mal, por eso son muchos los enfermos terminales o incurables, y sus familias, los que se ven obligados a salir del país para poder morir dignamente.

La eutanasia tiene como objetivo no prolongar los sufrimientos de dichos enfermos, acelerando su muerte, siempre según su consentimiento. En la antigüedad era aceptada con normalidad, pero a lo largo de la Historia y las diferentes religiones, la concepción de la misma cambió. Afortunadamente con el paso del tiempo, hoy en día se discuten nuevas perspectivas pensando siempre en la calidad de vida. Aún así, el debate no está exento de polémicas que provocan las diferencias en torno a la ley de la muerte digna.

Se puede diferenciar la eutanasia activa (ayudar a morir), de la eutanasia pasiva (dejar morir). La primera es siempre a petición del enfermo cuyo estado le impide valerse por sí mismo, con lo que se le provoca una muerte indolora mediante la sobredosis de sustancias. La segunda se refiere a no empezar un tratamiento o continuarlo, precipitando así la muerte del paciente. Si este lo desea y puede aplicarse él mismo el método pero se le ayuda aportándole conocimientos y los medios necesarios para que lo haga, se llama suicidio asistido.

Los cuidados paliativos ayudan al enfermo a superar y afrontar la enfermedad, con ayuda de psicólogos para él y sus familias; pero pese a que los recursos aumentan, no existe homogeneidad al respecto entre las diferentes comunidades autónomas.

Afrontar el final de la vida propia o el de un ser querido no es algo para lo que estemos preparados. Hablar de la despedida, de tu propio entierro sabiendo que está cerca o de quién cuidará de tus hijos a los que no verás más, suman al dolor físico un dolor psicológico añadido difícilmente soportable. Para aquellos que quieran morir sin ayuda alguna, dicha asistencia psicológica es necesaria; pero también para los que deciden adelantar lo inevitable con el objetivo de nos sufrir más ni tampoco los tuyos; es por eso por lo que habría que respetar el derecho de cada uno a decidir sobre su propia vida.
Rosi Legido.

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domingo, 6 de febrero de 2011

La soledad buscada

En el transcurso de nuestra vida atravesamos etapas bien diferenciadas, pero hay algo común en todas ellas y en todos nosotros, el anhelo de nuestro bienestar. 

En este sentido, de la misma forma que hay personas que necesitan sentirse continuamente rodeadas de otros y realizando actividades sociales, están aquellos con un mundo interno muy rico, con una visión de la soledad en términos positivos y que necesitan momentos de retiro de forma más habitual. Es importante señalar que el estar solo y el sentirse solo no tienen por qué ir de la mano, es más, en ocasiones se experimenta la sensación de soledad aún en compañía.

Más allá del ser y el sentir, es importante tener en cuenta que cada uno tiene diferentes características personales, formas de ver la vida y de relacionarse con el mundo que nos rodea, un bagaje de experiencias vitales, etc. Toda forma de vida y de relación con los demás es válida siempre y cuando no genere malestar y vaya acorde con tu filosofía, tus valores, tus prioridades.

La cuestión es la siguiente: aunque disfrutemos de relaciones profundas y auténticas con las personas que realmente queremos en nuestro camino en ese momento, a veces uno puede ser muy permeable y sensible a las energías del entorno, y el espacio vital se torna entonces en algo clave.

Concederse períodos de retiro y descanso, para volver a centrarse y recuperar un estado de armonía y paz interior son de considerable importancia para el bienestar psíquico y físico. Contemplar un paisaje, sumergirse en una actividad de introspección reflexiva,  degustar una agradable comida, escuchar música, relajarse con un largo baño, jugar con tus mascotas, leer, escribir, pasear en plena naturaleza, deleitarte con el sonido de la lluvia; son cosas que pueden provocar un apacible sosiego, y es que una cita con la soledad buscada puede ser sencillamente maravillosa. Al fin y al cabo, todo es cuestión de matices, y de equilibrio.

La soledad buscada, esa "inspiradora de viajeros y soñadores, poetas y pensadores".


 

Guadalupe Naharro Pérez.

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martes, 25 de enero de 2011

Más allá de la realidad

Todo empezó hace algunos años. Me sentía raro. De repente veía y oía cosas que los demás no parecían notar. Una voz que me hablaba desde mi interior me obsesionaba, dirigía mi vida, me pedía o me prohibía hacer cosas.

Empecé a aislarme porque tuve miedo de sentirme diferente a los demás. Me comportaba de una forma extraña… Cambiaba de humor bruscamente, me movía deprisa, ansioso; y a veces me encontraba a mí mismo hablando solo, contestándole a esa voz que hablaba desde mi mente.

Mi familia empezó a notar algo, lo sabía por cómo me miraban, pero hacían como si nada. Creo que pensaban que si no lo demostraban, se me pasaría. Mis amigos también se dieron cuenta. Me preguntaban si me encontraba bien, cuando a veces parecía quedarme absorto con algo, desconectado de mi alrededor. Yo no sabía qué responder. ¿Cómo explicar algo tan extraño? ¿Cómo decirles que alguien me hablaba cuando ellos no lo oían? No lo entenderían, estaba seguro. Me tomarían por loco. Así que callaba.

Un día todo esto fue a más. Me desperté oyendo la voz de siempre, pero esta vez me gritaba, me ordenaba que corriese a buscar una luz y que la atrapara.

No lo dudé, apurado por la voz que me gritaba desde dentro, muerto de miedo, salté de la cama, no me duché, me vestí con la ropa del día anterior y salí estrepitosamente de casa dejando a mi familia preocupada.

Empecé a darme cuenta de que era incapaz de discernir qué era real y qué no lo era. Y notaba cómo la línea que separaba esos dos mundos iba haciéndose cada vez más pequeña.

Encontré la luz, mi único y obsesivo objetivo. Corrí tras ella mientras la voz gritaba en mi cabeza “¡¡¡CORRE!!! ¡¡¡CORRE MÁS!!! ¡¡¡SE ESCAPA!!!”. Arrollé a varias personas que se cruzaron conmigo, las aparté de mi paso, empujándolas, en la angustiosa persecución de ese destello fugaz. Creí que el pecho me iba a explotar por la presión que sentía, llegué a un semáforo en rojo, la luz lo cruzó y yo casi con ella, haciendo caso omiso de los coches que pasaban a gran velocidad, si no fuese por alguien que me agarró del brazo y me sujetó con fuerza, impidiendo que me matara.

La tensión que me produjo perder esa luz huidiza me hizo caer sin conocimiento.

Me desperté en un hospital. Al menos creí que era eso. Mis padres y mi hermana estaban allí, al lado de mi cama. Me preguntaron cómo estaba y yo les dije que muy cansado. Era verdad, tenía mucho sueño.

Al parecer, según me explicaron después, me habían dado tranquilizantes porque había estado días enteros sin dormir. No lo recordaba.

Me dijeron también que me habían atado a la camilla porque cuando me desperté, después de caer en el semáforo, me había autolesionado. Me miré las piernas y encontré varios moratones y arañazos. La voz me había ordenado dañarme a mí mismo como castigo por no haber atrapado la luz.

Pasé varios días en ese centro. Mi familia venía a verme todos los días. También algunos amigos. Pero yo sentía como que no los conocía, al menos no como antes. No sentía lo mismo por ellos. Los notaba lejos de mí, como si yo estuviese en otra dimensión, más allá de la realidad.

Cuando me dieron el alta, el médico me explicó qué me había pasado. Había tenido un brote psicótico; durante unos días había perdido la noción de la realidad. Me informó de que no se me pasaría nunca, que volvería a tener algún brote más, pero que podría controlarlos. Y me recetó una medicación que tendría que tomar todos los días del resto de mi vida.

Mi familia me ayudó mucho en esto. Me lo recordaban, siempre me preguntaban si había tomado mis pastillas. Y me animaban, me decían que siempre estarían ahí, conmigo.

Aun así, tengo que reconocer que en ocasiones me porté mal. Muy mal. Algunos días me sentía tan angustiado y deprimido que salía, bebía, y a veces me drogaba. Quería mandar todo a la mierda, salir de la realidad de una forma voluntaria, no porque lo ordenase mi enfermedad, sino yo mismo. Que ella no dictase cuándo tenía que ser un psicótico y cuándo “normal”.

Las veces que me maltrataba así, consciente de que para mi enfermedad el alcohol y las drogas eran terribles, mi familia se enfadaba muchísimo y me daba la espalda. Era muy doloroso, pero ahora sé que lo hacían por mi bien. De otra forma no les escuchaba, solo cuando me abandonaban.  

Creo que mis padres y mi hermana, y también mis amigos, ante mi enfermedad, se pusieron muy tristes. Se les veía desmejorados, taciturnos, siempre con el ceño fruncido; pero no estaban enfadados conmigo, sino con ellos mismos. Sabían que nunca me iba a recuperar del todo y que  no acertaban con la forma de tratarme. Cuando tenía algún otro brote y me comportaba de una forma rara, notaba su nerviosismo, su angustia y creo que también se culpabilizaban por no saber qué hacer conmigo.

Un día decidimos ir a una psicoterapia. Allí nos enseñaron a todos a convivir con mi enfermedad. Creo que el primer paso correcto que dimos fue aceptar totalmente mi esquizofrenia y que debíamos cambiar nuestra relación, colmarla de paciencia y ayuda entre nosotros.

Las cosas mejoraron. Una vez hecho nuestro el problema, hubo una cierta mejoría en nuestro ánimo. Ellos me protegían de situaciones estresantes que podrían desencadenar otro brote, e incluso nos mudamos a las afueras de la ciudad lejos del ajetreo del centro. Me llevaron a centros de psicorehabilitación donde estuve con otros pacientes como yo; compartí sus experiencias y realizamos muchísimas actividades juntos. Volví a abrirme al mundo.

También me animaron a buscar un trabajo, para cuando tuviese mis temporadas de “normalidad”, no muy duro ni estresante, pero que me hizo sentir más independiente, responsable y capaz de interaccionar con mi entorno.

Todavía sigo teniendo brotes, a pesar de medicarme. Pero he conseguido adelantarme a su gravedad. Cuando me noto raro, cuando empiezo a oír una voz bajita en mi cabeza, mucho antes de que llegue a chillarme, yo mismo voy al médico y pido que me ingresen. Paso unos días allí, me controlan y vuelvo a salir.
Y después “me toca” otra época de calma. A veces más corta, otras más larga.

Pero me siento afortunado por tener a gente a mi lado que me quiere, que me apoya, que me trata con cariño aunque sé que yo a veces a ellos no; que estoy ocupado atendiendo a mis fantasías y no les hago caso. Sé que ellos a veces lo pasan mal por mí, pero no desfallecen, siguen ahí, ayudándome en lo que pueden, que sé que es difícil.
Al fin y al cabo, esto será así para siempre.

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Este relato es ficticio, y con él he querido acercarme, y seguramente solo lo haya conseguido mínimamente, al infierno que viven las personas que sufren esquizofrenia. Algunos logran llevar una vida normal, otros no tanto, y algunos llegan a suicidarse; porque además de este mal en un nivel muy grave, sufren la marginación y el rechazo de la sociedad.

Creo que es importante ver la esquizofrenia (y todos los males mentales) desde una perspectiva de apoyo, ayuda y comprensión; algo que muchas veces no encuentran tanto las personas que las sufren como sus familias; ni entre nosotros, ni entre quienes tienen el poder para aportar los medios para un mejor cuidado y tratamiento de estas enfermedades.

Parece que vivimos en un mundo donde las enfermedades “que se ven” siguen siendo más importantes que las “ocultas”.

Raquel Ruiz.
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martes, 18 de enero de 2011

El papel del psicólogo en los centros de mayores

Vivimos en el continente más envejecido del mundo. En España, actualmente el 17% de la población es mayor de 65 años. Se estima que en el año 2040 España contará con un 40% de población mayor de 60 años. A principios del siglo XX la esperanza de vida en nuestro país no llegaba a los 40 años, en cambio, actualmente la esperanza de vida es de 73 años en el varón y de 80 años en la mujer, aproximadamente. 

El envejecimiento de la población es un acontecimiento que conlleva grandes repercusiones sociales, tales como cambios en los roles sociales, cambios en el estatus atribuido a la edad, cambios en los sistemas laborales de distribución del trabajo, reajustes en el sistema de protección social, y cómo no, relevantes cambios a nivel individual. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud como el "estado de bienestar completo físico, mental y social, y no solamente la ausencia de enfermedad o dolencia". En la vejez pueden aparecer numerosas patologías que afectan a diferentes áreas -físicas, cognitivas, afectivas, sensoriales-. Bien. Para garantizar entonces este estado de bienestar que aparentemente se persigue, los Servicios Sociales deberían contar con una amplia red de instalaciones donde las personas mayores y dependientes se beneficiasen de una atención continuada, completa y adecuada, constituidas por un amplio equipo multidisciplinar de profesionales al servicio de aquellos mayores afectados por algún tipo de dependencia física, psíquica o social, o con necesidad de internamiento temporal o definitivo. 

La adaptación y el bienestar de la persona mayor en un centro residencial dependerá entonces de la congruencia entre las necesidades y características de las personas usuarias y las variables físicas, humanas y organizativas del centro.

 Entre los objetivos principales de cualquier centro gerontológico deberían encontrarse:

 - Proporcionar las condiciones adecuadas para una estancia digna en el centro y para una mejor calidad de vida

-  Mantener una actitud de servicio y respeto

-  Prestar los servicios asistenciales necesarios a nivel sanitario, familiar y social

-  Atender las necesidades espirituales de los residentes y proporcionar asistencia psicológica, rehabilitadora (fisioterapia y terapia ocupacional) y animación sociocultural.

¿Qué sucede? Que en muchas ocasiones, lo ideal dista mucho de lo real, y es que esta asistencia psicológica todavía no está lo suficientemente reconocida en la mayor parte de estos centros asistenciales. Los centros donde el psicólogo se va incorporando como parte del equipo, son sobre todo aquellos de carácter privado o concertado, siendo prácticamente nula la aparición de esta figura en los centros públicos.

Las residencias deben ser concebidas como espacios donde habitan y conviven personas que aun presentando necesidades especiales de atención son ¡ciudadanos con derechos!  

Al margen de la valoración y crítica totalmente factible que podría hacerse de las políticas organizativas de muchos centros, de la calidad del equipo, de los servicios y las actividades que el centro promueve, y de las condiciones lamentables en las que a veces se desarrolla la vida diaria de muchos mayores en nuestra comunidad y en nuestro país  (instalaciones inadecuadas, masificación de residentes, personal insuficiente o NO cualificado, malos tratos en residencias,etc.), y ciñéndonos en exclusiva a los departamentos que por norma general constituyen una residencia para, como decíamos, cubrir todas las necesidades del mayor de cara a su bienestar, vemos como, desgraciadamente, el departamento de psicología suele brillar por su ausencia, cuando la intervención psicosocial no sólo es fundamental para los residentes, sino para la familia y el propio centro. 

La Psicología es una de las disciplinas que contribuye al mayor –y mejor- conocimiento del funcionamiento psicológico en esta etapa vital, permite la atención psicológica adecuada de las personas mayores –atención que ningún otro profesional debería llevar a cabo- y colabora desde una perspectiva multidisciplinar.

La figura del psicólogo en los centros gerontológicos es necesaria puesto que es la única persona cualificada capaz de, entre otras funciones:

 - Evaluar el funcionamiento cognitivo y afectivo mediante distintos instrumentos estandarizados de  valoración.

- Potenciar las capacidades cognitivas en personas con deterioro cognitivo leve o severo (demencias, enfermos de Alzheimer) planificando sesiones de psicoestimulación para retrasar el deterioro cognitivo y/o disminuir la probabilidad de desarrollar una demencia.

 - Evaluar e intervenir mediante técnicas psicológicas en trastornos de ansiedad, depresión u otros.

- Realizar un seguimiento en las áreas específicas de deterioro cognitivo, alteraciones conductuales y psicopatológicas.

- Acompañar a la familia en cuidados paliativos,muerte y en proceso de duelo con intervención psicológica para aquellas personas del entorno del mayor que lo precise.

- Participar activamente en  las denominadas reuniones interdisciplinares, donde se realiza un exhaustivo seguimiento de los residentes y se fijan determinados objetivos en relación a la atención individualizada de cada uno de ellos.

- Promover el proceso de adaptación del residente al Centro.

-Asesorar al personal del centro que presente dificultades con la conducta o comunicación del mayor.

- Diseñar e implementar programas en distintas áreas con el objetivo de motivar en la realización de actividades en el centro y fomentar la independencia y autonomía de los mayores. 

¿Aún persiste la duda de si es necesaria la figura del psicólogo en las residencias o centros de mayores? (...)

Desgraciadamente, lo que ocurre es que en numerosas ocasiones, la atención al mayor queda relegada al cuidado médico, físico y ocupacional. Tener en cuenta las variables biomédicas, las condiciones físicas y biológicas es esencial, ¡pero estas afectan a los sistemas psicológicos y comportamentales! ¿Cómo olvidar entonces el lado emocional de estas personas, sus aficiones e intereses, su personalidad, su autoestima, sus miedos, inquietudes o preocupaciones, su autoconcepto, su inteligencia, su memoria, sus relaciones sociales, su satisfacción, su calidad de vida?

Creo que el trabajo del psicogerontólogo continúa en cierta forma devaluado en nuestra sociedad y su presencia sigue siendo extremadamente delimitada en muchos centros. Debemos reflexionar y tomar concienca sobre lo que la Administración considera y reconoce públicamente como ideal o necesario respecto al personal requerido en los centros de mayores y las necesidades de nuestros mayores, pero si el objetivo e interés social común es conseguir un envejecimiento satisfactorio, algo no se está haciendo bien.

Tal vez no interesa la inversión económica que requiere la existencia y mantenimiento de esta categoría profesional en las residencias. Tal vez no resulta rentable... porque no es considerado relevante… pero me temo que esa irrelevancia profesional es desgraciadamente una proyección de la irrelevancia del mayor.

Es decir, la no valoración de la presencia del psicólogo como profesional implicado en la atención integral esconde la no valoración de la dimensión psicológica de la persona! El mensaje que me llega de fondo,lo que leo entre líneas, es: “la persona mayor institucionalizada no es  productiva, no es  útil, es una carga social, es alguien ya desvinculado de la sociedad, atendamos, por obligación legal, sus necesidades muy básicas, pero el resto, es totalmente secundario, no nos importa, no interesa atenderlo” (!!!)  Por ello también será así no productivo, no útil, un gasto social innecesario, algo irrelevante y secundario, la presencia de algunos profesionales.

Pero lo que siento que hay de fondo último, de base, es una falta de sentido de respeto y de humanidad hacia las personas que se encuentran en los últimos años de su vida. Mientras persista este “modelo deficitario de la vejez” y esta falta de conciencia social de las diversas y complejas necesidades de la persona mayor y de la  relevancia del cuidado y atención integral en esta etapa de la vida, la situación no cambiará.

Abramos los ojos, miremos, analicemos y actuemos, pero desde el corazón...


Guadalupe Naharro Pérez. 

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