Escribo este artículo para compartir las ideas de un filósofo sobre las obligaciones que tenemos los ricos hacia las personas que viven en la pobreza absoluta.
Las ideas de las que hablo son de Peter Singer, profesor de Bioética en la Universidad de Princeton. Ha escrito libros clave en el movimiento por los derechos de los animales (liberación animal) y otros en los que trata temas como el aborto, la eutanasia, así como las obligaciones que tenemos los ricos con los pobres.
Punto de partida:
En el mundo hay 1.400 millones de personas que viven con menos de un 1,25 dólares al día (referido a la paridad de poder adquisitivo, es decir está ajustado lo que significa que pueden comprar con ese dinero en sus países el equivalente a lo que un estadounidense podría comprar con esa cantidad en los EEUU).
A la vez hay en el mundo unos 855 millones de personas que vivimos con unos niveles de riqueza desconocidos en otras épocas históricas (salvo para los reyes y nobles); es decir, una vez cubiertas nuestras necesidades básicas (alimentación, educación, salud y vivienda) aún tenemos dinero para lujos: tenemos cosas que no necesitamos, a veces compramos cosas que ni usamos, comemos para darnos gusto al paladar, compramos ropa para variar sin esperar a que se nos estropee y nos vamos de vacaciones al extranjero.
El argumento que plantea el autor parte de 3 premisas:
1) El sufrimiento por falta de comida, casa y asistencia médica es malo.
2) Si puedes evitar que algo malo suceda sin sacrificar nada que sea moralmente tan importante, moralmente debes hacerlo y está mal si no lo haces.
3) Donando dinero a ONGs puedes evitar sufrimiento y muertes por inanición, falta de cuidados médicos o de un hogar, sin sacrificar nada tan importante.
Y llega a una conclusión: debemos evitar parte de la pobreza absoluta y si no das dinero a ONGs estás actuando mal.
El autor habla de evitar una parte para salvar la objeción de “la gota en el océano”, es decir: nuestra contribución personal no tendrá un efecto considerable en la pobreza mundial pero sí evitará una parte de esa pobreza. Nuestra ayuda llegará a individuos, familias o pueblos concretos y para ellos marcará la diferencia.
Afirma que los ricos estamos permitiendo la pobreza absoluta y esto se aplica a gobiernos y personas porque todos podemos hacer algo para cambiar la situación ofreciendo nuestro dinero y tiempo a ONGs como Intermon Oxfam, Ayuda en Acción, Médicos sin Fronteras… (Cuando habla de colaborar con ONGs, Singer no sólo habla de dar dinero o comida –esto puede ser necesario sólo en casos de emergencia- sino de colaborar con ayuda al desarrollo, luchar por un mercado global más justo, permitir que los pobres sean capaces de sostenerse a sí mismos…).
La conclusión de que debemos donar dinero a ONGs para evitar sufrimiento y muertes siempre que no sacrifiquemos algo moralmente tan importante no parece controvertida, pero si nos la tomamos en serio cambiaría nuestra vida y el mundo radicalmente.
"Si aceptamos el argumento y la conclusión, la medida en la que nos sintamos obligados a colaborar dependerá de lo que consideremos ser de una importancia moral comparable con la pobreza absoluta que podemos evitar: ropa de moda, comidas caras, un sofisticado equipo de sonido, vacaciones en el extranjero, un (¿segundo?) coche, una casa más grande, colegios privados para nuestros hijos, etcétera".
En base a datos proporcionados por distintas ONGs se ha calculado que el coste de salvar una vida está entre 200 y 2000$ (teniendo en cuenta los gastos de recolectar el dinero, los gastos administrativos y los de hacer llegar la ayuda), por tanto puedes reducir tu consumo de cosas superfluas y donar 200$; pero si sigues reduciendo tu consumo de artículos que no necesitas podrías dar otros 200$ y salvar otra vida. Si el argumento es correcto cuando gastamos dinero en cosas como zapatos de moda, ropa para ir bien vestidos, beber buen vino, irnos de vacaciones a sitios lejanos etc., estamos haciendo algo malo.
Según este argumento deberíamos seguir donando hasta llegar a un punto que dar más nos supusiera sacrificar algo moralmente importante, llegar al nivel de “utilidad marginal” en el cual seguir dando me causaría a mí o a los que dependen de mi más sufrimiento que el que se pretende evitar con el donativo. El hecho de que si cada habitante del mundo rico cumpliera con “su parte” la pobreza desaparecería sin tener que hacer grandes esfuerzos cada uno no cambia las cosas puesto que desgraciadamente vivimos en un mundo en el que la mayoría no está dispuesta a dar cantidades sustanciales a organizaciones benéficas.
El autor plantea que desde el punto de vista ético ésta le parece la postura correcta pero ni él mismo vive de esa manera (dona un 30% de sus ingresos a ONGs pero aún así tiene una vida cómoda), además, pedir a la gente que llegue a ese nivel sería contraproducente porque sería una ética para santos y casi nadie va a cumplir con ella.
En el último libro suyo que he leído (“The life you can save”, aún no no editado en España) propone una postura más fácil de cumplir.
Plantea que ha escrito el libro con la intención de retarnos a pensar sobre nuestras obligaciones hacia las personas extremadamente pobres y convencernos de que debemos dar más de nuestros ingresos para ayudarles, con el fin de reducir la pobreza, no de hacernos sentir culpables.
El autor admite que públicamente se puede defender un nivel más bajo del que cree que la gente debería aportar con el objetivo de no desalentar a la gente. Fijar un límite más bajo conseguirá que más gente contribuya a reducir la pobreza, luego cada uno individualmente puede subir ese nivel.
Ha elaborado una escala en función de los ingresos de los contribuyentes de los EEUU:
- Quienes ganen entre 105.000 y 148.000$ deberían dar el 5%.
- Quienes ganen entre 148.001 y 383.000$ el 5% de los primeros 148.000$ y el 10% del resto.
- Quienes ganen entre 383.001 y 600.000$ el 5% de los primeros 148.000$, el 10% de los siguientes 235.000$ y el 15% del resto.
- Quienes ganen entre 600.001 y 1.9 millones de dólares el 5% de los primeros 148.000$, el 10% de los siguientes 235.000$, el 15% de los siguientes 217.000$ y el 20% del resto.
- Quienes ganen entre 1.900.001 y 10.7 millones de dólares el 5% de los primeros 148.000$, el 10% de los siguientes 235.000$, el 15% de los siguientes 217.000$, el 20% de los siguientes 1.3 millones y el 25% del resto.
- Quienes ganen más de 10.7 millones de dólares el 5% de los primeros 148.000$, el 10% de los siguientes 235.000$, el 15% de los siguientes 217.000$, el 20% del siguiente 1.3 millones, el 25% de los siguientes 8.8 millones y el 33.33% del resto.
Si se hiciera esto, sólo en los EEUU se recaudarían cuatrocientos setenta y un mil millones de dólares (471.000.000.000$) cada año, para poner esta cifra en perspectiva el autor nos comenta que se estima que para alcanzar los objetivos del milenio se calcula que se necesitan 189.000.000.000$ al año. Es decir, con un esfuerzo nada exagerado del 10% de los contribuyentes estadounidenses, se obtendría más del doble de lo que se estima necesario para conseguir los objetivos del milenio.
Si el resto de los contribuyentes estadounidenses diera el 1% de sus ingresos el total subiría a 510.000 millones. Además habría que contar con los habitantes de otros países ricos y con los ricos de otros países como China, India, Brasil….
Con esta perspectiva comenta que los objetivos del milenio (reducir a la mitad la pobreza extrema) son modestos y no debemos buscar reducir el hambre a la mitad sino que deberíamos asegurarnos de que nadie viva en esa condición degradante. El autor plantea que debemos cambiar radicalmente el modo de vida que damos por sentado en nuestras sociedades opulentas y buscar que nuestra vida sea algo más que consumir productos y generar basura, poder mirar atrás y decir que lo hemos hecho lo mejor que hemos podido para hacer del mundo un lugar mejor para otros.
Como resumen de sus ideas me gusta este párrafo de su libro “Ética para vivir mejor”:
"Cualquiera puede formar parte de los grupos críticos que nos ofrecen una oportunidad de mejorar el mundo antes de que sea demasiado tarde. Puede usted replantearse sus objetivos, y preguntarse qué está haciendo con su vida. Si su actual estilo de vida no da la talla al confrontarlo una medida imparcial de valor, puede usted cambiarlo. Eso podría significar dejar su trabajo, vender su casa e ir como voluntario a la India. No obstante, el compromiso de llevar una vida más ética será habitualmente el primer paso de una evolución gradual pero de largo alcance en su estilo de vida y en su modo de pensar sobre su lugar en el mundo. Asumirá usted nuevas causas, y descubrirá que sus objetivos cambian. Si se involucra seriamente con su labor, descubrirá que el dinero y la posición ya no le resultarán tan importantes. Desde su nueva perspectiva, el mundo tendrá un aspecto diferente y descubrirá muchísimas que vale la pena hacer. No sentirá que su vida es aburrida o carece de plenitud. Y, aún más importante, sabrá que no ha vivido y muerto para nada, porque habrá pasado a formar parte de la gran tradición de aquellos que han reaccionado ante la gran cantidad de dolor y sufrimiento que hay en el mundo y han intentado convertirlo en un lugar mejor".
Vicente.